Trendencias
Contenidos contratados por la marca que se menciona

+info

Piensas en tus vacaciones y te viene a la cabeza el olor a piña de tu cóctel favorito. Recuerdas tu infancia y casi puedes oler las baguetes recién hechas de la panadería de al lado de tu casa. Siempre que te acuerdas de un buen momento te da en la nariz la nostalgia en forma de un olor que te encanta. Y eso no es casual: todo se debe a que el olfato es nuestro sentido con más memoria.

No eres la única que cada día se deja algo en el supermercado pero es incapaz de olvidar el olor de las castañas recién asadas cuando un nuevo invierno se asoma a la ciudad. Ni la única que, cada diciembre, vuelve a emocionarse cuando el aroma del té con canela, jengibre y naranja, ese típico que tomabas en las meriendas en tu Erasmus en Inglaterra, llega a su pituitaria.

No se nos ocurre mejor manera de ir abriendo el apetito del espíritu navideño que repasar aquellos olores que nos remiten a la Navidad.

A leña y a chimenea

Olor a frío. ¿Una sinestesia? Para nada: una asociación mental sencilla si piensas en temperaturas bajas y leña para combatirlas. Si tienes en tu hogar una chimenea (o sueles ir de casas rurales), sabrás de lo que hablamos. Nada más navideño que una cena al calor del fuego, con las brasas chisporroteando.

Y, si no eres de esas afortunadas, siempre te quedará el recurso de la película de Netflix: nada menos que una hora de madera de abedul ardiendo para dar un toque acogedor a cualquier salón. Eso sí, está claro que con esta chimenea digital no lograrás el olor a leña en tu jersey, uno de los aromas por excelencia del invierno.

A abeto recién cortado

Quizás pensar en un abeto recién cortado que decorar con luces, bolas preciosistas y galletas de jengibre (sí, como la de Shrek) pueda llevar a tu mente a una escena de película estadounidense. Pero no hace falta que te vayas tan lejos: decenas de viveros de toda España venden cada año millares de árboles de Navidad naturales.

Son 100% degradables y respetuosos con el medioambiente; es decir: son totalmente eco-friendly. Y, no vamos a negarlo, uno de ellos lucirá genial en tu feedde Instagram. Si andabas buscando una decoración a prueba de likes, ahí la tienes.

A velas iluminando charlas interminables

Si hay una imagen que resuma el concepto de Navidad es la de un grupo de amigos o una familia sentada en una mesa. Allí, sobre esos manteles rojos que solamente planchamos para esas citas, arreglamos el mundo, nos ponemos al día, hacemos las paces, sonreímos, recordamos y, en definitiva, somos felices.

Y nada mejor que compartir esas conversaciones infinitas —en las que se juntan las comidas con las cenas y los cafés con los entrantes— a la luz de una vela. En los calendarios de adviento de Rituals te encontrarás por sorpresa con más de una. Cuando la prendas y su olor llene toda la estancia será, para tu cerebro, como si acabaras de hacer una foto de ese momento… olfato mediante.

A perfume de alegría

Piensa en el típico reportaje de reencuentros en los aeropuertos que cierra el telediario cada 24 de diciembre. ¿A qué huele ese momento? A nostalgia, a felicidad, a lágrimas, a bienvenidas y, sobre todo, a abrazos. Mejor dicho: a los perfumes que se transmiten de abrazo en abrazo y que hacen que aquello de “volver a casa por Navidad” tenga su propio aroma: el de la colonia de tu madre, que tanto habías echado de menos y tan bien recordabas.

De acuerdo: la Navidad también huele a ese perfume que le regalas año a año a tu tío porque no tienes muy claro qué le puede gustar… pero esa ya es otra historia.

A buñuelos recién hechos

Pocas cosas en la vida generan más felicidad que abrir la puerta de casa y que el olfato te avise de que hay un postre casero esperándote. Y no uno cualquiera, sino buñuelos hechos por tu madre, tu abuela, tu tía o todas juntas en una especie de liga profesional de la cocina navideña. Con todo el respeto a los amantes del turrón y el mazapán, nada puede superar a unos buñuelos y un chocolate caliente como merienda previa a la Cabalgata de Reyes.

A nuevo y a estreno

La Navidad (o al menos la de los niños) huele a plástico. Quizás, en la superficie, no sea el olor más romántico de esta lista, pero en el fondo es el de la magia y la ilusión. ¿Recuerdas a qué olían tus mañanas del 25 de diciembre o del 6 de enero? Efectivamente: al plástico de tus muñecos nuevos, a esas primeras botas con tacón que te morías por sacar a pasear o a la caja de ese primer teléfono móvil que te hizo dar un salto de emoción solo con echarle un vistazo.

Una vez superada la edad de la inocencia, la Navidad sigue oliendo a estreno. A libros por leer, a la tinta que impregna las libretas en las que apuntas tus buenos propósitos y a vinos regalados que saben mejor si se descorchan en buena compañía.

Fotos | Unsplash – SabrinaRipkeFotografieInna LesykRodion Kutsaev | Rituals