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“No llego al masaje ni a la clase de pilates. Qué estrés”. ¿Te ves reflejada en esta frase? Es más normal de lo que parece: aquello que comenzamos a hacer para desconectar de la rutina se convierte en una obligación que, en lugar de quitarnos preocupaciones, nos las pone.

Pero, cuando esto sucede, solo hay que sentarse a pensar qué nos está pasando, qué es aquello de lo que podemos prescindir y lo que más nos apetece hacer en nuestro tiempo libre. Y, sobre todo, hay que repetirse un mantra: no pasa nada. Esa clase de yoga no era tan importante.

Rutinas para el descanso

Relajarnos, valga la redundancia, tiene que servir precisamente para eso, para que tomemos distancia y miremos la realidad con perspectiva. Lejos de imponernos quehaceres, pequeñas rutinas que nos den ese agradable rato de relax que necesitemos (y que podamos hacer cuando nos apetezca) son la clave de nuestro bienestar.

Una de ellas puede ser algo tan simple como desmaquillarse. Nuestra piel necesita que lo hagamos diariamente, pero, además, puede convertirse en uno de esos momentos de tranquilidad que guardamos para nosotras mismas para relajarnos antes de dormir.

Despertar un sábado, calentar un café, coger tu revista favorita y sentarte a leer sobre las tendencias que vienen. ¿Suena a plan tranquilo, verdad? Y a momento de calma para empezar a afrontar el fin de semana con optimismo y muchas ganas. Como deberían disfrutarse todos los findes.

Hay quienes encuentran entre los fogones un remanso de paz y tranquilidad. Si eres una de esas personas, adéntrate en la cocina, abre tu app de recetas y ponte a crear. Prueba nuevos platos, trastea con ingredientes que nunca has catado o prepara tu postre favorito para esa merienda de ‘amigo invisible’ que tienes pronto. Tú te relajarás, pero tus amigas se relamerán

La terapia del boli y el papel

Aquello de que en la vida hay que “plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro” nos suena a frase viejuna, pero de ahí podemos rescatar algo: la escritura es terapéutica. No hace falta que redactes un bestseller, con que le cuentes al papel lo que ronda por tu cabeza será suficiente. Te aclararás las ideas, harás que tus emociones fluyan y, quién sabe, quizás te salga más de un microrrelato bonito.

Esconderse, nos han dicho muchas veces, es algo negativo. Pero no tiene por qué: en ocasiones solo necesitamos un tiempo a solas para sentirnos mejor. Y, si es un rato en el que nos entretenemos probando productos nuevos como las cremas que nos regala el árbol de Rituals, nuestro escondite será un lugar en el quedarse a vivir.

¿Cuánto hace que no te sientas en el sofá a, sencillamente, escuchar tus canciones favoritas? Quién te lo iba a decir a ti, que sacabas los abonos de los festivales con meses y meses de antelación. En muchas ocasiones, lo que nos agobia es haber dejado de hacer cosas que nos encantaban. Así que cero estrés: coge los cascos, dale al play y descansa.

Hablar con nuestras amigas. Ese es el mejor antídoto contra los días malos y agobiantes. Invitarlas a tomar un té calentito en tu hogar, poneros al día y terminar enamorándote de sus últimos productos beauty —que ya has añadido a tu wishlist— son algunos de los detalles que nos devuelven a la tierra y nos hacen ver que, en realidad, nada es tan importante.

Con ellas también comentas los últimos looks de street style que te han gustado y te reconforta ver que no eres la única que sigue fascinada por el mundo blogger. Porque perder el tiempo en internet e ir saltando de un blog a otro siempre ha sido una de tus maneras de desconectar favoritas (paradójicamente hablando).

“Los clásicos serán siempre modernos”, dice una de esas canciones que te gusta escuchar sentada en el sofá. Así que, y siguiendo esa frase, ¿por qué desmerecer a los clásicos de la relajación? Un masaje de esos que te dejan con la mente en blanco y la piel bien suave arregla cualquier día gris.

El relax en los detalles

Siguiendo esta línea, tendemos a infravalorar el poder reconfortante de un chapuzón bien caliente. Convertir nuestro baño en el de un hotel, con aromas frescos impregnando el ambiente y toallas recién lavadas esperándonos cuando salgamos de la bañera (después de ver cómo se han arrugado las yemas de nuestros dedos). ¿Cómo no sentirse a gusto con eso?

El frío, casi siempre, nos recluye en casa. Pero lejos de la ciudad, allí donde la vista se nos pierde en las copas de los árboles, las temperaturas bajas tienen su encanto. Una escapada al campo, respirando la humedad y el frío, y con tus amigos haciendo una barbacoa te hará reconciliarte con el mundo rural. Y vivir una de esas escenas bucólicas de tus pelis favoritas al otro lado de la pantalla.

Si miras tu agenda y no encuentras un minuto libre o Facebook no hace más que sugerirte eventos y tú solo quieres tumbarte a descansar, hazlo. Pocas cosas desahogan más que quitarse pesos de encima. Y relajarte no puede ser una imposición… mucho menos en Navidad. Porque es tiempo de paz, también paz interior.

Imágenes | Unsplash – freestocks.orgToa HeftibaSabri TuzcuJulian Bialowas | Rituals